para Primarios
EL PODER DE JESUS SOBRE LA MUERTE

Lección para el sábado 30 de octubre de 1999


VERSICULO DE MEMORIA: "Porque nada hay imposible para Dios" (Lucas 1:37).

PENSAMIENTO ESPECIAL PARA MI:: Puedo confiar en Jesús porque nada es demasiado difícil para él.
REFERENCIAS BIBLICAS: Lucas 7:1-17; Mateo 8:5-13.
LECTURA AUXILIAR: El Deseado de todas las gentes, págs. 282-287; Las bellas historias de la Biblia. tomo 7, págs. 177-183.


DOMINGO

La lección de esta semana nos cuenta de dos milagros muy especiales que Jesús realizó. Ellos nos muestran cuánto Jesús se interesaba por las personas enfermas, tristes y desanimadas. El está deseoso de ayudarnos hoy también.

También Jesús se interesaba por todas las clases sociales, pero especialmente a los más necesitados: pobres, viudas y huérfanos. La viuda de Naín estaba muy desesperada con la muerte de su único hijo. Jesús se compadeció de ella como se compadece hoy de cada ser humano que lo necesita. ¿Crees realmente que Jesús se compadece de ti y de tus necesidades y preocupaciones?


LUNES

En Capernaum había excitación. Jesús los visitaria nuevamente. A los habitantes de Capernaum les gustaba que Jesús los visitara. El había estado en esa ciudad varias veces. De hecho, Capernaum llegó a ser conocida como "su ciudad".

Tal vez la persona que estaba más excitada por esa visita era el centurión romano. El tenía un problema grande que lo preocupaba desde hacia un tiempo.

Ahora Jesús regresaba y este funcionario romano estaba seguro de que lo ayudaria a resolver su problema. El ciervo del centurión estaba enfermo, tan enfermo que los médicos dijeron que no viviria mucho tiempo. Ahora bien, un siervo enfermo no hubiera creado ningún problema a un funcionario romano. En los días cuando Jesús vivía en la tierra, la gente compraba y vendía sus siervos en el mercado. Si el siervo moría, el amo iba al mercado y compraba otro. Algunos amos romanos eran crueles con sus siervos.

Pero ese centurión romano era diferente. Era bondadoso con sus siervos, y a éste, que estaba enfermo, lo quería mucho. También había sido bondadoso con los habitantes de Capernaum. Se daba cuenta de que la religión judía era mejor que la suya. Y hasta les había construido una sinagoga a los judíos.

Como él era la autoridad romana que tenía a su cargo la ciudad de Capernaum, era su deber estar al tanto de lo que pasaba en la ciudad. Este hombre había recibido muchos informes concernientes a Jesús. Lo que había oído le infundía fe.

MARTES

Tan pronto como las excitantes noticias del retorno de Jesús llegaron a sus oídos, el centurión tuvo la certeza de que Jesús sanaría a su siervo.

"Pero -se preguntb-, ¿cómo podré acercarme a Jesús? Yo no soy bueno; no pertenezco a la iglesia de Jesús. ¿Qué debo hacer?" Entonces pensó en los ancianos dirigentes religiosos de los judíos. Sin duda alguna, ellos sabrían exactamente qué hacer y decir. De manera que, sin más, fue a verlos. Les explicó que su amado siervo estaba enfermo. "¿Tendrían la bondad de pedirle a Jesús que sane a mi siervo?", les dijo.

Los ancianos salieron inmediatamente y fueron al encuentro de Jesús tan pronto como entró en Capernaum. Ellos le hablaron de lo que el centurión pedía. Y añadieron: "Es digno de que le concedas esto porque ama a nuestra nación y nos edificó una sinagoga".

Jesús se dirigió inmediatamente a la casa del centurión, pero no podía andar muy rápido. Eran muchas las personas que querían hablar con él. Había muchos que necesitaban su ayuda.

Nuevamente el centurión pensó en su indignidad. "Yo no debiera molestar a Jesús así - pensó - . El no necesita venir a mi casa". De modo que mandó un mensajero a Jesús. "Señor, no te molestes más. Yo no soy digno de que vengas a mi casa". Pero Jesús continuó andando.

MIERCOLES

Finalmente el centurión en persona salió al encuentro de Jesús:

-Te ruego que no te molestes en venir a mi casa

-dijo-. Sólo di la palabra, y mi siervo sanará. Yo represento el poder de Roma. Les digo a mis soldados: Vayan y van, vengan y vienen. Pero tú representas a Dios y todas las cosas creadas te obedecen. Tú puedes ordenar a la enfermedad que deje a mi siervo, y te obedecerá.

Jesús quedó asombrado ante estas palabras. Volviéndose a los que lo rodeaban, dijo:

- Les digo que ni en Israel he hallado tanta fe -y dirigiéndose al centurión, dijo-: Vuelve a tu casa. Por tu fe, tu siervo ha sido sanado.

En efecto, cuando los mensajeros del centurión regresaron a la casa, hallaron al siervo que estaba enfermo... completamente sano. Había sido sanado en el mismo momento cuando Jesús dijo que sanaría. Jesús habló y ¡alguien que ni siquiera estaba cerca de él fue sanado en ese mismo instante! Los habitantes de Capernaum estaban más maravillados que nunca porque habían presenciado el poder de Jesús.

No obstante, Jesús no permaneció mucho tiempo en Capernaum. Siguió su camino recorriendo unos treinta kilómetros más. Muchos de sus discípulos y también otras personas lo acompañaron. A lo largo de todo el camino acudia la gente a él para oírlo hablar, o le llevaban sus enfermos para que los sanara. La multitud que lo seguía estaba formada por personas felices. Se sentían muy bien cuando estaban con Jesús.

JUEVES

No tardaron en llegar al camino pedregoso y empinado que conducía a la puerta de una aldea montañesa. Pero, ¿qué era ese ruido? La gente se detuvo y suspendió la alegre conversación para escuchar. ¡Eran lamentos! Y provenían de Naín, la aldea que estaba en lo alto de una colina. Cuando la gente se detuvo para escuchar, una escena triste se presentó ante su vista. De la aldea se acercaba una procesión fúnebre. Daba la impresión de que todos los habitantes de la aldea se habían unido a esa procesión para llorar y lamentar al muerto. Con el paso lento y embargados por la tristeza, los que estaban de duelo se encaminaban hacia el cementerio. En un féretro abierto -algo así como una camilla o angarillas yacía el cuerpo de un joven. Los acompañantes del féretro se sentían muy tristes por la madre del joven. Ella era viuda y ese joven era su único hijo. Ahora había muerto. ¿Quién cuidaria de ella? ¿Quién la consolaría? La solitaria y quebrantada viuda sollozaba mientras caminaba al lado del féretro.

Cuando Jesús vio a la madre, se sintió muy apenado. Dirigiéndose a ella le dijo: "No llores" Luego se acercó al féretro y lo tocó. De pronto todo se aquietó. La procesión se detuvo. Los que lloraban se tranquilizaron. La multitud que seguía a Jesús quedó a la expectativa. Sabían que Jesús podía sanar. Habían visto que también echaba fuera demonios. Pero ese joven estaba muerto.

Entonces Jesús habló en voz muy clara: "Joven, a ti te digo, levántate". Todo ojo se esforzó por observar al joven. ¿Podría ser despertado de la muerte? ¡Oh, sí, podía ser! La voz de Jesús podía hacerse oír aun por los muertos. Cuando el joven abrió los ojos, Jesús lo tomó de la mano y lo levantó. ¡Cuán felices se sintieron madre e hijo y cuán gozosamente se abrazaron durante un largo rato!

Pero la multitud guardó silencio. Estaban maravillados y permanecieron callados, reverentemente, como si estuvieran en la presencia de Dios. Luego comenzaron a alabar a Dios y a decir: "Un gran profeta se ha levantado entre nosotros".

¡Cuán maravilloso es tener a Jesús como nuestro Salvador! El sabe el momento cuando lo necesitamos. Sabe cuando estamos enfermos o tristes. Sabe lo que es mejor para nosotros. Nada es demasiado difícil para él. Es bueno recordar eso cuando alguien nos dice que es muy difícil o imposible hacer lo que Jesús quiere que hagamos.

VIERNES

Lee el párrafo de la pág. 286 de El Deseado cle todas las gentes que comienza: "Jesús cambió el pesar"

Repasa el versículo de memoria.

Pídele a Jesús que te ayude a crecer cada día.

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